(Siempre nos quedará) París
El tren se detiene en la última parada de este viaje. Parece que el azar nos ha vuelto a juntar. Recuerda que nada importa nada y que todo es mentira (salvo algunas cosas). Recuerda que me trajiste aquí para olvidar, y no para atormentar la castigada memoria que me hace caer en tu hechizo.
Días de abandono vienen dentro de mi ajada maleta. Una estación destartalada me recibe con aires de despedidas, recuerdos perdidos y otros tiempos con más pena que gloria. A lo lejos, una silueta conocida intenta acertarme el corazón con mil flechas. Eres la razón que me hace correr sin rumbo fijo, pero sin saber porqué siempre acabo volviendo a este lugar.
Es un día frío de los que calan el alma. El cielo se funde con los edificios en una escala de grises que preside todo el horizonte. Un instante huyó sin remedio, cuando pasaba la página del mapa intentando buscar la dirección donde no encontrarme con tu enigmática sonrisa. Para no mirarte, cierro los ojos y veo “La Vie en Rose” instantes antes de caer por una escalinata.
Me pongo gafas para no volver a caer y ver las cosas de otra manera. Así intento mirar a través de la incertidumbre que envuelve todo, de la niebla que ciega la belleza que te rodea. Al final, planes falsos me llevan al parque de ninguna parte para recuperar el tiempo, perdido en filas cuidadosamente ordenadas que nunca avanzan.
Acabo sentándome en blanco, a la sombra de un árbol para descansar. Los ciclistas cruzan los puentes de un lado a otro; haciendo tocar sus timbres, saludan al pasar. Pasar página siempre fue tan fácil como montar en bicicleta. Olvidar requiere algo más que un maillot amarillo ganado descaradamente en la etapa final.
La tarde me lleva a pasear curioso por las tiendas, rebuscando un souvenir que me devuelva a la realidad. Termino por romper en mil pedazos una postal que te reclama diciendo “ojala estuvieras aquí”, mientras nieva falso en bolas de cristal con tu silueta en relieve. Fuera, diluvia en los grandes bulevares.
El tiempo corre como el metro abalanzándose sobre un viaducto. Tengo que terminar mi visita; aún quiero subir a las alturas para contemplar los tejados. Tengo la esperanza de que en ese lugar, desde lo más alto, desaparecerás entre la multitud que viene a verte.
Allí, donde Eiffel dijo “mañana lo desmonto” y nunca lo hizo, sabrás que vas a quedar atrapada para siempre. Vagar sola en esta ciudad será tu destino. Pero eso no es algo que alguna vez te haya preocupado, porque ahora, especialmente para ti, “siempre nos quedará París”.
Feliz Navidad