Hoy os traigo un pequeño tour fotográfico de lo que me dio tiempo a ver en Estocolmo

La pasada primavera tuve la suerte de viajar a Estonia de la mano de un voluntariado europeo. Lo que no me podía imaginar es que, totalmente de rebote, también visitaría Estocolmo. Aunque apenas estuve 8 horas, fue suficiente para poder conocer algunos de los lugares más emblemáticos de la capital sueca.

Para poneros en situación, llegamos a la ciudad en barco desde Tallín, junto con mis compañeros. Había viajado en autobús, en tren, en avión y en coche, pero nunca en barco. Como cuando viajas en avión, con el barco también hay que llegar desde el puerto a la ciudad. Muchas veces, como en Estocolmo, la terminal está algo alejada. El metro nos hizo el papel de acercarnos al centro.

Cuando por fin ponemos el pie en Estocolmo, lo primero que vemos es esto:

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El paisaje me cautivó; será dificil que borre esta imagen de mi cabeza. Sólo por esto ya había merecido la pena el viaje. Y los amigos con los que iba pensaban igual que yo.

Nos pusimos en movimiento para buscar el centro de la ciudad, atravesando Gamla Stan (literalmente, la ciudad vieja). También conocida como “la ciudad entre los puentes”, por eso de estar repartida entre varias islas. Original del siglo XIII, Gamla Stan ha estado prácticamente abandonada hasta hace unos años.

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Finalmente llegamos al Sergels Tor, que viene a ser como la Puerta del Sol de Estocolmo. Hasta aquí llegan varias de las calles más comerciales de Estocolmo y también es el centro cultural de la ciudad. Ah, y en caso de que os lo estéis preguntando, esa cosa rara que veis en el fondo se llama Kristallvertikalaccent.

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Me separo de mi grupo, que prefiere quedarse en la tienda H&M de Sergels Tor, y empiezo a caminar hacia el famoso Ayuntamiento.

La sede del municipio de Estocolmo es donde cada mes de diciembre se entregan los premios Nobel (menos el de la Paz, que se entrega en Oslo). Es bueno que sepas que para ver los salones donde realizan los actos protocolarios y la recepciones hay que pagar. Bastante.

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El edificio, de principios del siglo XX, es un ejemplo de la arquitectura romántica sueca. Además de ser otro punto de reunión, es un mirador estupendo de lo que hay al otro lado del canal: el barrio de Södermalm.

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Södermalm es uno de los escenarios de la famosa saga literaria Millennium, de Stieg Larsson. Aproveché unos minutos para intentar encontrar cuál era el apartamento de Lisbeth Salander. Más allá de la ficción, este barrio es el bastión alternativo de Estocolmo, y cuenta con una importante escena cultural.

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También en Södermalm está el mirador de Fjallgatan, desde donde se domina toda la parte oriental de la ciudad. Además de Gamla Stan a mi izquierda, al otro lado del canal podía ver Skkepsholmen, el parque de atracciones de Estocolmo y la isla de Djurgarden.

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Bajé de las alturas y crucé otra vez el canal por uno de los puentes. Lo que menos me gustó de Estocolmo es el desastroso urbanismo que dejaron los años setenta: el centro de la ciudad esta dominado por los scalextric (y no me estoy refiriendo al juguete). Pero, gracias a ellos, pude sacar fotos como ésta:

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Apenas me moví de mi posición de “caza” y ya volvía a estar en Gamla Stan. Ahora, quería encontrar el Palacio Real y, de paso, el Parlamento Sueco, porque están situados uno enfrente del otro. ¿Os suena esa estatua de un león? Pues no tiene nada que ver con los leones de nuestro Congreso de los Diputados.

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Tras unas cinco horas caminando, dí por terminado mi paseo. No es que estuviera cansado; mi tiempo en Estocolmo estaba a punto de terminarse. El barco me esperaba para zarpar hacia Estonia otra vez. Pero, como me pasa siempre en una ciudad que me gusta, me dejé cosas por ver. Y eso sólo puede significar una cosa: que tengo que volver algún día.